miércoles, 24 de diciembre de 2014

UNA FORMA DISTINTA DE LEER LA NAVIDAD

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Adoración de los pastores
Pintor: Gerard van Honthorst, 1622
Nunca me he casado ni tengo hijos, pero como si lo hubiera estado y los hubiera tenido. Por lo mismo discrepo con quienes de pronto o cada vez más frecuentemente "aconsejan" ¡no te cases! Porque el casamiento, he concluido, no es lo mismo que el matrimonio. Este es una institución que tiene su fundamento en un contrato social de unión entre clanes y familias, su base antropológica ha sido sin embargo distorsionada y pervertida por intereses mezquinos. Por lo que toca a la familia, también la hemos aderezado con melaza de lisonjas y moralina al punto de olvidar que en su origen no fueron los amos sino la servidumbre (la famula) incluida como miembro necesario e indispensable de la casa su razón de ser. Pero el casamiento es otra cosa, parte de la actitud fundacional que posibilita la identidad, la solidaridad, el sentimiento de pertenencia al círculo primitivo de las historias hechas al calor del hogar. Uno se casa con las ideas, con los sueños, los gustos, los amores... con o sin documento legal y normativo de por medio. Ese documento es solo una manifestación preceptiva que sintetiza las bases del acuerdo mutuo para la convivencia y el intercambio. No tiene mayor poder sobre el espíritu. Sin embargo los frustrados, los fracasados tanto como los interesados han tergiversado su sentido.

Por años no han faltado quienes han leído críticamente la relación marital de José y María. Y no faltan tampoco los que, aun siendo crédulos, ponen en tela de juicio la preñez divina de la mujer adjudicándola mejor a la más mundana posibilidad de la violación, la infidelidad de María y la bondad y mansedumbre de un José obligado ¿por la nobleza, la estupidez o la bondad?

Sé que más de un lector, tras las líneas anteriores me tachará de hereje y perjuro. Hereje, lo acepto; perjuro no tanto, pues si bien fui bautizado bajo el credo católico, mi credo finalmente es hoy el que me he forjado de manera personal como individuo. Lo importante es que, sea lo que sea, creo en algo.

Por eso creo que, al margen de las tradiciones de una específica religión, iglesia, cofradía, el valor de fiestas como la Navidad estriba en varios aspectos y no uno solo. Según se la mire, la fiesta es la celebración celta del final de la cosecha y el advenimiento de la primavera, en el viejo Medio Oriente, desde las tradiciones Babilónicas significa también la celebración de la muerte del rey Dios Adonis, representado por el abeto (en general los árboles) que, al incendiarse en pleno invierno, en sus luces volátiles (cenizas incandescentes) se eleva la promesa de su renacimiento y por ende de una nueva era de prosperidad. Su incendio es equivalente, no por calendario, sino por significado, al fuego nuevo entre los nahuas. El alumbramiento de María conecta esto con la idea del advenimiento de la semilla divina que asegura la siembra venidera, el bienestar común, la esperanza en un mañana.

No es necesarios ser de cualquiera de las variantes del cristianismo para gozar de la fiesta social que suponen la Navidad y el Año Nuevo. Mirarla con otros ojos, tanto más actuales como más antiguos no la hace mejor ni peor fiesta, no trastoca, como algunos imaginan, su trasfondo, el cual apela al reconocimiento de nosotros mismos en tanto seres humanos sujetos a los cambios de  la naturaleza, que si hoy vivimos la primavera de la infancia, el verano de la juventud, mañana experimentaremos el estío de la madurez y el frío anquilosante de la vejez.

Son días cuando la razón hiberna y la emoción surge a flor de piel para calentar nuestros motivos sanos o insanos. Cuando el pensamiento da paso a la memoria y esta extrae del baúl de la nostalgia la bolsa donde guarda las cuentas de la melancolía donde están inscritos los nombres de los ausentes.

Son días cuando la soledad se hermana con la compañía, aun cuando la compañía también se sienta sola.

Reciban todos mi gratitud por su paciencia al leer mis textos variopintos y mis deseos para que su vida se vea siempre colmada de los mejores parabienes. ¡Felicidades!

domingo, 21 de diciembre de 2014

Tendencias del Alma

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Cuando uno examina acuciosamente la lista de tendencias de búsqueda como la que año con año genera Google no puede dejar de preguntarse cuántas de las búsquedas tienen un genuino origen en la necesidad individual por conocer, y cuántas son efecto causado por la influencia persuasiva de los medios de comunicación (no solo los masivos, sino incluso las personas con peso de líder de opinión en los círculos más íntimos). Cuántas resultan de la inercia del afán de no quedar al margen de la opinión general y hacerse con la información mínima para, por lo menos, intercambiar pareceres en algún diálogo superficial.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Tecnología que difumina lo humano

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ME ACABA DE DAR FRÍO el invento que muestra el vídeo adjunto...

Si de por sí el humano falla en la atención al cliente, ¡imagina suplirlo con robots que atiendan al cliente y reemplacen al empleado del mes! Lo que se podría "ganar" en precisión (siempre y cuando el sistema tenga al día la base de datos del inventario, logística y los precios), perdería en calidez humana.

Ya nos peleamos bastante porque los empleados de piso y centros de telefonía (call center) luego dejan mucho que desear a veces por causa de la incapacidad, a veces por causa del guión y las políticas de la empresa, a veces por causa de la administración gerencial que no tiene al día las estanterías y los precios, a veces por causa de las actitudes y/o ineptitudes de los empleados, como para que se busque sustituirlos con máquinas. El trato humano, con todo y sus asegunes, jamás podrá ser suplido con efectividad, quizá sí con eficacia y eficiencia. Es decir, la máquina puede traer control eficaz y eficiente sobre los procesos, pero el efecto de relación siempre será literalmente inhumano.

No me opongo al progreso científico y tecnológico puesto al servicio de la sociedad, los gobiernos y la empresa, al contrario, incluso soy un ferviente y apasionado seguidor y defensor de las invenciones del ingenio del hombre que apuntan al bienestar y el mejoramiento de la vida, pero el morboso y mezquino afán por reducir costos de manera ficticia (lo ficto no necesariamente es lo deseable de facto) está llevando a la perversión de lo humano, pues cada vez nos encaminamos a dejar más y más fuera de los procesos al ser humano

Cierto, hay temas en los que es conveniente, pertinente restar o afinar el control humano sobre determinados procesos por razones tan variadas como ahorro de tiempo, reducción de los factores de error (precisión), Si bien avances como este benefician en la ampliación del tiempo dedicado al ocio o otras tareas del negocio, lo cierto es que nadie, fuera de la industria del entretenimiento bastante corrompido, ha hecho lo consiguiente para hacer del ocio una actividad tanto o más productiva en función del desarrollo humano, para mejorarnos como individuos, como personas, grupos, sociedades salvo en aspectos muy específicos, nada despreciables, sí, no obstante insuficientes.

La utopía tecnológica de la ciencia ficción está haciéndose realidad poco a poco enfatizando, bajo la apariencia de la virtud, la difuminación de lo humano.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Túnel de la Serpiente Emplumada

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viernes, 17 de octubre de 2014

LUIZ - Un Niño de Brasil explica a su Mamá porqué no quiere comer Animales

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En la red de Facebook —que en mi experiencia viene siendo ya algo así como la cantina más frecuentada por mi ánimo— alguien publica un vídeo  donde se mira a un pequeñín brasileño conversando con su mamá, preguntando sobre lo que le ha servido en el plato para comer: pulpo con papas y arroz. El infante cuestiona a la madre sobre el pulpo, sobre la cabeza de la bestia. La madre le explica sin abundar en detalles que la cabeza es cortada en la pescadería, como a las gallinas en la pollería, para matarlos —cuida de no usar esa palabra— y el pequeño, en su inocencia cree, induce (más que deducir) con evidente indignación que “nadie come gallinas”, que nadie pues en general come animales. No concibe la muerte como un medio para el sustento de la vida.

Sí, el vídeo resulta conmovedor sin duda, como todo tipo de res-puesta semejante de una criatura. Lo interesante es que ya a tan pequeña edad maneje ciertas categorías de raciocinio (aun cuando falaces). Por ejemplo, la discriminación que hace entre seres vivos (animados) como los animales y los inanimados como los vegetales. Le preocupa la pérdida de la vida de los animales, pero no concibe siquiera que una patata, en tanto raíz, o el arroz, en tanto gramínea, también son en algún momento antes de la cocción seres vivos y ¡peor! seres de los que surge la vida.

Con todo respeto para los vegetarianos y los más extremosos, los veganos, ese tipo de inconsistencias, así, infantiles, son las que des-cansan en sus argumentaciones. ¿Válidas? Sí, en su conmovedora inocencia.

Si de veras fuéramos equitativamente compasivos ni siquiera comeríamos a las plantas. Es cuando me rebelo. La estupidez humana, no cabe duda, tiene muchas aristas y facetas.

Por ahí no han faltado quienes en su entera libertad han comentado cosas como: “el niño tiene razón” o “ojalá todos fuéramos tan lógicos como un niño”. Y no puedo más que pensar en Voltaire porque al fin y al cabo todos tenemos razón, aunque ello no signifique por fuerza que nuestro raciocinio será veraz. Aunque encantadora, la lógica en el planteamiento del infante es equivocada por naturalmente miope e inexperta. Si todos pensáramos como niños, más pronto que tarde veríamos que la vida no es tan simple en su infinita simpleza.