SER HUMANO, SER POETA

viernes 13 de noviembre de 2009


Una añeja discusión más amplia según se la mire: ¿qué es ser escritor? ¿qué es ser artista?
Llevamos siglos debatiendo estas y otras preguntas semejantes y nunca logramos una conclusión. Generalmente terminamos yéndonos por las ramas, cayendo en extremismos, generando groseras discriminaciones o petulantes guetos.
Personalmente he preferido mantenerme al margen amparado en la etimología y la semiología misma de Poesía, es decir, el acto creativo y su resultado, sin importar su forma o soporte, el poema. Desde este punto de vista, la categorización de los poetas se vuelve tan amplia como los oficios e intereses creativos que cada persona, profesión o cultura puede ofrecer y experimentar.
Se trata de una discusión que tiene derivados. Por ejemplo, no faltan los medios periodísticos y profesionales del periodismo, colegas, que cuestionan quién es o no tal. Unos opinan que basta escribir en un pediódico con suficiente frecuencia para hacer periodismo. Otros reclaman el coto de poder que da el conocimiento genérico y el oficio de reportero como requisitos para aspirar al grado de periodista. En la primera perspectiva, tan periodista es el político que colabora con artículos semanales como el jefe de información que redacta la editorial todos los días. En el segundo caso, sólo el "obrero redactor" encargado de buscar, organizar y difundir la información concreta de su fuente, ajustado a ciertas normas es digno del título de periodista.
Aquí cabe preguntarse quién es más poeta, ¿quien tiene sensibilidad y maestría para construir metáforas? ¿El que emplea amplia y ricamente el idioma? ¿Quien redacta de modo impecable, sin fallas gramaticales de ningún tipo? ¿El que retoma la realidad y la voltea para recrearla desde su punto de vista? ¿Aquella persona que logra desahogar sus sentimientos y pensamientos de una manera más o menos organizada?
En mi perspectiva anunciada, todos cabemos en la misma canasta. Tan "poeta" es el escultor, como el artesano; el redactor del diario, como el compositor de boleros; así el declamador, como la abuelita que teje encajes; el maya constructor de pirámides, o el gaviero que pone a volar en sus velas las ilusiones mercantiles que abren fronteras al hombre.
Los seres humanos hemos pecado de soberbios y de ambiciosos. Personalmente no tengo nada en contra de las asociaciones de escritores, incluso hace años me inscribí a la de mi país, por breve tiempo (por ¿falta? de consecuencia en mi modo de trabajar); nunca pasé de "aspirante", a pesar de vivir medianamente de la escritura para diversos medios. Pero creo que hemos sobrevalorado demasiado los "derechos" que nos asisten en tanto "obreros" de la palabra, como si la palabra, el "logos" nos perteneciera en exclusividad. Qué bien que se registren y respeten los derechos, pero no puede olvidarse que una vez expuesta la obra deja de pertenecer a su creador para pasar a ser del dominio del recreador, o sea de su consumidor. El intérprete, el lector.
Porqué disminuir una composición de un infante sólo por el hecho de su edad. ¿Un poema de Rubén Darío, declamado por un niño en la escuela lo hace menos poeta; o al niño lo hace más maduro?
Reza el proverbio que "del dicho al hecho hay mucho trecho" y me resulta ocioso detenerse en el trayecto para ver los áboles de las categorías, cuando el bosque de la creatividad es tan vasto y compartido. Habrá árboles incipientes, arbustos, yerba nociva, enormes copas, troncos robustos, sombras y claros, hoja perenne y hoja caduca, pero todo hace al bosque, así los zorros como las ratas, los búhos y las mariposas, las larvas y las arañas. Y diciendo esto extiendo una mirada a mi biblioteca y veo lo que he leído y lo que me falta por descubrir.
Que el trabajo creativo es perfectible, nadie lo duda, pero no podemos dejar de lado que en más ocasiones una carta de amor puede ser más releída, con todo y sus faltas, que una novela escrita por un Premio Nobel.
La poesía es el acto humano que nos aproxima en potencia y significativamente con el acto divino cuyo fin es el mismo, crear. El poeta sólo es el instrumento chueco o derecho, agudo o necio. El poeta es el primer poema, el más inacabado. Humildemente, eso pienso, eso creo. ¿Lo he dicho bien o mal? ¿Esto me vuelve más o menos poeta, escritor, lector...?

DIEZ RAZONES

lunes 2 de noviembre de 2009

La siguiente meditación fue provocada por el audiovisual que aparece abajo. Dejo a tu criterio, amable lector, las conclusiones muy personales y la libertad para hacer cuantos comentarios quieras. Perdona la falta de imágenes ilustrativas y capaces de hacer más llevadera la extensión, pero en este caso la palabra basta para pintar; al menos eso espero.
Primero. Me sorprenden los créditos, pues me ubican la realización de este audiovisual en Argentina, mientras la voz se me hace muy conocida. Si no es Jorge Guzmán, locutor de mi camada, colega, y miembro de la estación de radio mexicana El Fonógrafo (muy del agrado de mi madre y mío), cuyo giro especial es la música del recuerdo (boleros, baladas de los años 30 al 70); si no es él, se parece muchísimo.
Segundo. Por audiovisuales como este es que luego no hago demasiado caso a los mensajes de "autoayuda", las intervenciones coloquiales que buscan animarlo a uno. No quiero decir con esto, insisto, que no valoro su peso, el cierto grado de verdad y razón que pueden encerrar y encierran en muchos casos, como este. Lo que quiero expresar es que cada cual toma de cada mensaje, como de la moda, lo que le acomoda. Y desafortunadamente no siempre es lo mismo que tomaría aquél o aquélla. Y eso es lo rico de ser humano, la diferencia, para empezar, de criterios.
Tercero. El eufemismo "no estás deprimido, estás distraído" es una invitación a la negación, una de las etapas del duelo. Reconozco que es una invitación más constructiva que otras que puede haber. Pero no es conveniente olvidar que la depresión es una enfermedad, mientras que la distracción es una actitud. Dos cosas jamás concomitantes.
Cuarto. Sí, sí, comulgo con mucho de lo dicho en este y otros mensajes. Sobre todo con la idea de reconciliarse con uno mismo, en recobrar o reforzar el amor por uno mismo para poder amar al prójimo. Igualmente que nada ni nadie es de ninguno, y por lo tanto la pérdida (en cuanto a despojo de lo poseído) es una falacia. Pero en el duelo, la pérdida, al menos en mi caso, no es por lo que tuve o dejé de tener, sino por el vacío que definitivamente queda en el corazón y en la vida. No es el espacio físico, no es el hueco en el sofá, la huella en la cama, la silla desocupada, la mamá de Toño o la de sus hermanas, la abuela... Es mucho más profundo y existencial, sobre todo cuando el apego, la simbiosis con la persona amada ha sido la raíz de lo que uno es y ha sido y espeRABA ser.
Quinto, Sí, estoy deprimido, incluso a veces ciclotímico. Sí, estoy también distraído, no rindo igual, todo mi mundo se acabó como lo conocía. De pronto no sólo me encuentro SOLO (y esto es muuuucho más que una simple palabra descriptiva de MI situación), sino confrontado conmigo. Debo construir una vida. No una vida nueva, no reconstruir, como puede hacerlo el viudo, el divorciado, el que cortó con la novia, el desempleado, todos los que tienen de una u otra forma un apoyo en la mascota, en la pareja, en la familia inmediata, en los hijos...
En mi caso muy particular, nadie en realidad me Necesita y aunque suene duro, la verdad es que podría morir dentro de una hora y a nadie haría Falta, por más que mis poquísimos allegados, o familiares con quienes casi no tengo contacto me digan lo contrario. No es igual ser considerado por los otros que ser necesitado. Entiendo que les "faltaría" como el amigo o el tío o el hermano, y eso es muy importante, pero estoy seguro (pues es ley de vida) más pronto que tarde pasaría a ser el recuerdo, el retrato, la anécdota. Claro que muchos dirán, "sucederá en tí lo mismo en relación con tu madre". Es posible, y sólo el tiempo lo dirá, pues no es asunto de voluntarismo, y quien así lo crea, que me perdone pero es un cretino y un cínico, y también por ello muy respetable.
Sexto. Muchas de las cosas contenidas en mensajes como este yo mismo las he dicho a otros, muchos de mis alumnos lo pueden atestiguar. Pero no se ven igual los toros desde la barrera, desde galería que desde el centro del ruedo. Siempre lo he sabido, pero ahora lo confirmo. Parafraseando a la poetiza en su descripción de la rosa, vivir es padecer es sufrir es morir. Para aprender a morir se debe aprender a vivir, y viceversa. La vida con toda su salud y su enfermedad se padece día a día y duele; duele la lágrima de la madre primeriza feliz al tener a su hijo entre los brazos, como duele la lágrima del individuo que despide por última vez a su ser más amado. Y sí, muerte es mudanza es cambio es transición. En lo material y en lo espiritual. En lo social y especialmente en el ámbito de la persona.
Séptimo. Es filosofía de vida la misma muerte. Es filosofía de muerte la misma vida. Llevaban razón Heidegger, Kierkegaard, Hume, Unamuno, Ortega y Gasset... La circunstancia, conglomerado de situaciones, nos determina pero no nos enclaustra. Somos y estamos para la nada. Ahí radica la humildad de nuestra condición mundana. Ahí radica nuestra humanidad.
Octavo. Las cenizas de mi madre me aterrizan, son arena fértil sobre la que la memoria resguarda la semilla de lo que seré, de lo que anhelo. Ignoro lo que hay para mí adelante. ¿Una pareja? ¿Una familia? ¿Mejor situación económica? ¿El final? ¿El comienzo de algo? Es claro que quieto y aterido no responderé estas y otras preguntas, pero puesto a meditar como aprovechamiento del "tiempo perdido", como consecuencia de la "distracción" en que me hallo, mi condición actual es la del embrión. ¿Qué saldrá del cascarón? No lo sé. Lo mismo puede ser un monstruo que su contrario. El fruto del anhelo o lo que deja la necesidad.
Noveno. No es fácil, al menos para mí y otros, ser lo que se quiere. Muchas veces sólo se es lo que se puede o lo que se debe. No obstante estas verdades, creer es la clave. Y, cuando las circunstancias y lo que envuelven lo han orillado a uno a perder la confianza, a descreer de las propias capacidades, es entonces que cabe la preocupación.
A veces la desconfianza es ficticia. En mi caso, los golpes recibidos han sido suficientemente certeros para herir ya no la vanidad del ego, sino la fe. Frases, miradas, apretones de mano, respuestas, dudas de propios y ajenos han caído en buen y sensible caldo, minando como moho pernicioso mi creencia en mí. Como cualquiera, tengo mis fracasos y mis triunfos, mis frustraciones y satisfacciones, ponderados equitativamente. Pero la fe, la Fe es la que sostiene la decisión bajo la disyuntiva shakesperiana. Ser o no ser, he ahí la cuestión. Y de ella depende, aún menos que la felicidad, el grado de bienestar. Estoy en la labor de volver a creer en mí y con la esperanza de hallar quien por su parte también crea en mí. Desde este punto de vista, empero la aparente blasfemia, soy como Dios mismo.
Décimo y último. Dar y Ser... Ser para Dar... Dar para Ser... Dar-se... Es lo más arduo y como todo lo que se da, uno mismo se agota, si bien es recurso renovable. Me he dado tanto y a la vez tan poco. He recibido más agradecimiento que otra cosa. Pero aunque notablemente satisfactorio, no sólo de agradecimiento vive el hombre. Amar y Ser amado, no es igual que amar y ser amado. Las mayúsculas y minúsculas encierran variantes de significado muy importantes.
¿Cuán amado he sido? He llegado a ser amado, pero no tengo claro con qué intensidad, con qué intención, por cuánto tiempo y muchas veces ni siquiera por quien.
¿He alcanzado la categoría de Ser amado? Por lo que respecta a mi madre adorada, definitivamente sí. Mañana, quizá a los ojos de alguien más. Algunos dirán, "ya lo eres de Dios", mas no quiero entrar por ahora en discusiones teológicas y mucho menos teogónicas o doctrinarias.
Y aquí cabe traer la idea del Dar como Entrega de uno mismo, que no necesariamente como sacrificio. Algunos piensan y han dicho sin hacerlo con todas sus letras, que sacrifiqué mi vida por dedicarla a mi madre y viceversa. ¡Me río, pues desconocen los detalles de los motivos y los motivos específicos de la entrega mutua y recíproca que derivó en simbiosis, para despecho de más de un psicólogo y psiquiatra!
No es el amor del hijo lo que ha quedado fracturado, mucho menos el del hombre; es el amor de madre, que si bien comprendo pervive en mi mente y en mi corazón, al cambiar de sustancia lo hace también en su modo de relación. Lo arduo y doloroso no es saberme sin ella, o verme forzado vivir sin ella, sino de la noche a la mañana, ser sin ella. Parafraseando la canción "Laura", nada soy sin ella, y este es un descubrimiento asaz grosero, contundente, furtivo, continuo que viene y sigue al deceso exacto.
Cuando ocurrió el fallecimiento, no sucedió lo que alguna vez imaginé a manera de guión de película o telenovela: no me lancé al camastro, no lloré, no la besé, sólo acaricié su mano, mi mirada recorrió su cuerpo inerte. En cuanto salí del gabinete para dar la noticia a mis hermanas, al verlas, al ver la mirada angustiada de mi hermana mayor, la "más fuerte", sufrí el primer vahido, flaqueé. Mis fuerzas, acumuladas por años para sostener el amor que nos unía, se desvanecieron. Y no fue sino hasta el momento de llegar a la casa, en la madrugada, cuando subiendo la escalera topé con su retrato principal, cuando su sola vista provocó el estallido. ¡Qué drama griego ni que nada! Si no desperté al vecindario, es porque al final del día, en realidad a los otros lo que pasa dentro de uno vale un sorbete.
Así, que la idea de que estar uno deprimido deriva en la depresión del vecindario es una fómula gazmoña y falsa. Cada cual tiene sus penas como para dejarse llevar por la depresión de uno y es tarea exclusiva de ese uno salir avante, desahogar la embarcación o hundirse sin remedio. Realmente la solidaridad es un manjar esporádico. Y si bien siempre se agradece, uno debe aprender a expresar su alegría y su dolor sin preocuparse por los demás, para no preocupar a los demás que podrían sentirse afectados de un modo u otro. En circunstancias como la planteada, todos extendemos la mano, ponemos a disposición del doliente el oído, el hombro, el pañuelo, ¿pero por cuánto tiempo, cuántas veces? Si algo no tolera fácilmente la paciencia es al impertinente. Y cuando uno está imbuido en el propio dolor el tiempo las actividades de los demás quedan desdibujados y es muy fácil pecar de inoportuno en la solicitud de ayuda, de apoyo, de comprensión. Ni todos ni todo el tiempo es posible darse sin conmiseración. Allá, aquel dirá, "este otra vez chillando, ¡bah!"; y aquella optará por la indiferencia.
Entonces, sí, acepto; estoy deprimido, y es natural. Estoy distraído y es consecuencia parcial de mi estado emocional. No estoy mal. No estás mal. No estoy bien. No estás bien. Tienes razón y yo también.
La Muerte encierra el inicio en lo que tiene de final.

SONIDOS DE VIDA Y DE MUERTE

miércoles 28 de octubre de 2009

¡Me encuentro patidifuso!
Enclaustrado, abrumado por mi duelo, hasta esta fecha me entero de la muerte de un artista (etnoartista, como se le definía) que tuve el gusto de conocer en persona en la época cuando quien suscribe producía el programa radiofónico Sin Máscaras, conducido por la periodista Elizabeth Vargas. Una gran pérdida, definitivamente, tanto para la difusión de las tradiciones prehispánicas en materia musical, como para la investigación y la experimentación musicales, pues cuando en Estados Unidos y Europa comenzaba a explorarse la producción de espectaculos musicales a partir de la producción de sonidos, teniendo como único o principal instrumento el cuerpo, ya Jorge Reyes tenía un camino andado en la utilización de percuciones, vientos y sintetizadores en la producción de obras modernas a la vez que llenas de una sensibilidad profundamente ancestral.
Sonidos de vida y de muerte, remembranzas silbadas de anhelos conquistadores, golpes de pecho que movían a la contrición y el hallazgo del alma de las piedras.
Jorge, un hombre bueno, tímido, muy tímido; sensible, extremadamente sensible; sencillo por antonomasia, fue de los pocos artistas internacionales de México que, aun en medio de la fama, transitaba por el mundo como cualquier viandante, como cualquier desconocido. Las hojas secas cantaban bajo su caricia, el palo de agua arrullaba la conciencia, los caracoles murmuraban el grito del tiempo, los cascabeles hendían sus chispeantes lágrimas en el fuego nuevo, la garganta balbuceaba frases guturales, aullidos, tonos prolongados que narraban la intimidad de la luna.



Cómplice de los huesos, de la madera, de la arena, del viento, del maíz, Jorge Reyes fue, era, es, será (gracias a sus grabaciones) traductor de chaneques. Seguramente hoy deambula entre las nubes huracanadas, bajo las sombras de chopos y encinas, agitando sauces llorones, recorriendo cascadas, hundiendo su alma en el sueño de antaño y volviéndolo el deseo de hogaño.
Me entero de la noticia cerca de los días de difuntos. Jorge Reyes murió el 8 de febrero de este año. Con razón no me enteré, ese día, cumpleaños de una de las mejores amigas de la juventud de mi madre, día previo al cumpleaños de mi madre, 5 días luego de mi cumpleaños, 9 días después de la muerte de mi amada Coneja, qué iba a estar en este mundo, si con dificultad podía salir de la hondura del dolor propio.
Hoy, sumo a mis duelos acumulados y que no acabo de superar por ir uno detrás de otro, uno más. ¡Dios, así no puedo; cuántas pruebas más!

NO SÉ

viernes 2 de octubre de 2009

Cierra un poema de Sandra Daniela Taragán Aguinsky diciendo: "Me gusta que tú te expreses / Aunque no me guste lo que me dices a veces"... No sé, pero la vida está hecha de matices y no sólo de blancos y negros, luz y sombra, afirmación y negación. Entre el ayer y el mañana se encuentra el tan vituperado como tan sobredimensionado ahora, y es sólo el punto intermedio, el no sé si mi huella de ayer persiste, el no sé si mi anhelo para mañana continúe latente.
Vivir el hoy no es la panacea, como no es la última medida de experimentar el álito que insufla nuestra conciencia. Vivir el hoy es hallarme en la medianía, pero no por eso entenderme pusilánime. No sé si me entiendes, no sé si me doy a comprender. No sé si lo que ahora me corroe por dentro me pudrirá hasta la eternidad, o si calcinará mi mente y mis entrañas hasta hacer de mi alma, de mi amor, la composta donde resurgirá este que dejé de ser, para ser de nuevo algo que no sé.
No sé si la aceptación dulcifica o el rechazo amarga, sé que lo agridulce y lo salado fluyen en mis lágrimas, en el sudor y la energía que me consume día a día para desintoxicarme del permisivo sí y del necio no.
No sé si la Gioconda encierra un misterio en su sonrisa a medias o si en el fondo se oculta la clave de un motivo de tristeza.
No sé, Sócrates nos enseñó a saber que no sabemos, pero no sé si al saber que no sé encuentro el camino al conocimiento de mí mismo o al desconocimiento de lo que soy y por tanto a la sorpresa de saber que, no sabiendo, transito entre la nada y el todo llevando un poco de todo y dejando un poco de nada.
Simplemente no sé.

MEDICINA TRADICIONAL MEXICANA

martes 1 de septiembre de 2009


Recientemente la Universidad Autónoma de México (U.N.A.M.) presentó el resultado de un esfuerzo monumental, consistente en la construcción de una enciclopedia multimedia especializada en la medicina tradicional mexicana.
Esta enciclopedia o biblioteca (como se ha intitulado en realidad) recupera en gran medida, y superando por mucho cualquier expectativa, el enorme bagaje cultural que en cuestión de herbolaria y tratamientos curativos caracteriza a México.

Primero en su tipo, por su alcance, este ejercicio ha involucrado no sólo a académicos, médicos, informáticos, estudiantes, antropólogos, sino de manera muy particular a los curanderos o "terapeutas", los chamanes y otros personajes que a lo largo y ancho del país ejercen esta actividad considerada por muchos como marginal, cuando en realidad en muchas comunidades y regiones es la única forma institucionalizada de cuidado y procuración de la salud, especialmente entre las diversas etnias que conforman la vasta y variada población mexicana.
En esta encicplopedia puede encontrarse la información relativa a plantas, tratamientos, padecimientos, variantes, regiones de empleo, nombres originales y referencias. Por supuesto que no se trata de un manual para automedicarse ni nada parecido, ya que eso iría también en contra de los principios más elementales.
Enhorabuena por ese lanzamiento. Nos congratulamos porque de este modo la U.N.A.M, contribuye una vez más al rescate del patrimonio cultural de México y el mundo.
Probablemente a algunos de nuestros lectores les parezca extraño encontrar este artículo en este espacio. No hay razón para la extrañeza, pues este hallazgo por sí mismo es suficiente para provocar múltiples meditaciones acerca de la importancia de la salud como elemento constitutivo del ser.

ENTENDIENDO EL ALCOHOLISMO

sábado 4 de julio de 2009


En la revista Speak Without Interruption (SWI) de la que somos colaboradores, el editor publicó un artículo provocador: "No lo entiendo". Suscitó numerosos comentarios. Luego de leer los previos al que nosotros asentamos ahí, fuera de lo que agregue el sentido de nuestro idioma y cultura, es poco lo que podíamos añadir. No obstante, reconocemos que era justo lo que cabía en esta sección de Indicios Magazín-e.
Tras leer dicho artículo es fácil corroborar que no es poco frecuente que en las familias haya al menos un alcohólico o drogadicto o dependiente en algún grado.
Siendo ciertísimo que el peso de la genética determina la enfermedad, desafortunadamente aun existiendo la tecnología más avanzada, no es un dato que se sepa hoy por hoy desde el nacimiento o antes como una medida de prevención, así que en general todos hemos de sucumbir al gusto, a la presión social, a los trastornos neuronales... a nuestra condición de humanos.

Como enfermedad muy estudiada, el alcoholismo en realidad no es difícil de entender a pesar de su complejidad. Y eso quedó claro en algunos de los comentarios ya anotados arriba. En cuanto a sus dimensiones sociológicas, económicas y hasta políticas, tampoco es arduo comprender causas y efectos que la determinan.

Lo preocupante, lo delicado y abstruso es su dimensión fundamental, la humana. Es ahí donde resbalamos fácilmente, tanto los enfermos como quienes los rodeamos o conocemos. El fenómeno ocasiona preguntas alrededor de la identidad del hombre. Invariablemente se asocia con valores como la felicidad, el amor, la vida, la muerte, la razón de ser lo que se es. Si en lo biológico su trasfondo es genético y neuronal, en lo esencial es axiológico.

En la hondura de su alma, el adicto no se pregunta por qué hace lo que hace, no justifica su "vicio", no se identifica como enfermo sencillamente porque está extraviado en su identidad. La pregunta que finalmente le atormenta es "quién soy", y para hallar una probable respuesta siempre cambiante depende de sucedáneos de la iluminación, como muestra en broma el chiste aquel del ebrio que, cuestionado sobre las razones por las que bebe responde: "Bebo, para olvidar"; y el cantinero insiste: "¿Para olvidar, qué?; a lo que contesta el borracho: "Que bebo". Claro que esto puede suceder mientras el enfermo tenga conciencia de su estado, aunque lo niegue; porque en el momento que pierde la noción de lo real, se extravía, como nosotros mediante estas líneas y en cierto modo, en un mundo ficticio, virtual, donde todo se hace posible y hasta lo efímero tiene aspiraciones de eternidad.

Quienes han perdido un ser querido a consecuencia directa o indirecta del alcoholismo, lo difícil de asimilar no es tanto la enfermedad en sí, sino los caminos tortuosos que llevan desde ella a la muerte, accidental o propiciada.

El familiar del alcohólico busca por otros medios menos destructivos comprender lo mismo que el enfermo, pero además en función de éste. No se pregunta tanto, por qué bebía, sino cuestiona cosas más densas como por qué, si "sabía" que eso acabaría con su vida, continuó hasta lo irremediable; por qué procurar la agonía tortuosa del desanimo para apurar el trago amargo de la angustia que sigue a la muerte; por qué tanto egoísmo. Y estas son sólo algunas de miles de dudas que pueden ocurrir en la mente del deudo de un adicto.
Pero aún más, lo importante entonces no es ya si el ser querido y ahora ausente fue o no alcohólico. Con el transcurso del tiempo todo se resume en inquirir ¿por qué él o ella?; ¿por qué así? Preguntas que todos, yo mismo desde hace cinco meses cuando murió mi madre (que para mí fue mi todo), nos hacemos cuando un ser amado fallece y a veces aún antes.

Así, sin restarle importancia, el alcoholismo per se no es lo que inquieta, sino sus causas y efectos en la constitución de eso que denominamos Hombre. Pensar alrededor del alcoholismo es sólo una de muchas meditaciones acerca de lo que significa ser Humano.

MUJER Y MITO

miércoles 24 de junio de 2009

Esta entrega se me antoja para desarrollar una secuencia. No la numero porque aún no la planifico suficientemente. Valga a modo de idea suelta para un estudio más pensado que tiene como fundamento lo expuesto por Joseph Campbell en su libro El Héroe de las Mil Máscaras.
No entiendo por qué algunas mujeres se ofenden si se las califica cuales brujas, si todas lo son, no sólo unas cuantas. Todas. O qué, no parece suficiente magia el don de alumbrar. La sola palabra "alumbramiento" encierra toda la esencia encantadora, sobrenatural de la mujer sin importar si lleva peludos verrugones en el rostro o es una ninfa capaz de competir con Afrodita. En el centro de todo mito están las dos caras de la mujer. Generalmente la bruja provee de las pócimas curativas del cuerpo y el alma, enseña y proyecta la relación con la divinidad, cualquiera que sea su signo, mediante la oración, el sortilegio, el fetiche. Y, curiosamente, es la mujer sencilla, la común, la de belleza natural, la que se antoja inalcanzable, es esa la que da pie al mito al introducir al varón héroe en el laberinto de la aventura con toda su perdición y su salvación.
Así que, no se ofendan, damicelas y ogras, todas valen por lo que son, BRUJAS. A qué sean devotas, eso ya queda en su conciencia, en su oficio y en su profesión. Por lo pronto a nosotros no nos queda más que, como el héroe de los cuentos y los mitos, o amarlas o aniquilarlas; pero, como sea, quemarlas, pues a su ardor siguen las cenizas de las que surge y resurge el ave Fénix de cada nueva generación.

MENSAJE DEL PROTECTOR SOLAR

viernes 20 de marzo de 2009

Podría construir un discurso alrededor de estas imágenes, pero entonces ya no serían pretexto para la meditación. El video en sí mismo cumple con las pretensiones de este espacio y estoy seguro que los comentarios de más de uno abonarán a enriquecer el mensaje.