ENTENDIENDO EL ALCOHOLISMO

sábado 4 de julio de 2009


En la revista Speak Without Interruption (SWI) de la que somos colaboradores, el editor publicó un artículo provocador: "No lo entiendo". Suscitó numerosos comentarios. Luego de leer los previos al que nosotros asentamos ahí, fuera de lo que agregue el sentido de nuestro idioma y cultura, es poco lo que podíamos añadir. No obstante, reconocemos que era justo lo que cabía en esta sección de Indicios Magazín-e.
Tras leer dicho artículo es fácil corroborar que no es poco frecuente que en las familias haya al menos un alcohólico o drogadicto o dependiente en algún grado.
Siendo ciertísimo que el peso de la genética determina la enfermedad, desafortunadamente aun existiendo la tecnología más avanzada, no es un dato que se sepa hoy por hoy desde el nacimiento o antes como una medida de prevención, así que en general todos hemos de sucumbir al gusto, a la presión social, a los trastornos neuronales... a nuestra condición de humanos.

Como enfermedad muy estudiada, el alcoholismo en realidad no es difícil de entender a pesar de su complejidad. Y eso quedó claro en algunos de los comentarios ya anotados arriba. En cuanto a sus dimensiones sociológicas, económicas y hasta políticas, tampoco es arduo comprender causas y efectos que la determinan.

Lo preocupante, lo delicado y abstruso es su dimensión fundamental, la humana. Es ahí donde resbalamos fácilmente, tanto los enfermos como quienes los rodeamos o conocemos. El fenómeno ocasiona preguntas alrededor de la identidad del hombre. Invariablemente se asocia con valores como la felicidad, el amor, la vida, la muerte, la razón de ser lo que se es. Si en lo biológico su trasfondo es genético y neuronal, en lo esencial es axiológico.

En la hondura de su alma, el adicto no se pregunta por qué hace lo que hace, no justifica su "vicio", no se identifica como enfermo sencillamente porque está extraviado en su identidad. La pregunta que finalmente le atormenta es "quién soy", y para hallar una probable respuesta siempre cambiante depende de sucedáneos de la iluminación, como muestra en broma el chiste aquel del ebrio que, cuestionado sobre las razones por las que bebe responde: "Bebo, para olvidar"; y el cantinero insiste: "¿Para olvidar, qué?; a lo que contesta el borracho: "Que bebo". Claro que esto puede suceder mientras el enfermo tenga conciencia de su estado, aunque lo niegue; porque en el momento que pierde la noción de lo real, se extravía, como nosotros mediante estas líneas y en cierto modo, en un mundo ficticio, virtual, donde todo se hace posible y hasta lo efímero tiene aspiraciones de eternidad.

Quienes han perdido un ser querido a consecuencia directa o indirecta del alcoholismo, lo difícil de asimilar no es tanto la enfermedad en sí, sino los caminos tortuosos que llevan desde ella a la muerte, accidental o propiciada.

El familiar del alcohólico busca por otros medios menos destructivos comprender lo mismo que el enfermo, pero además en función de éste. No se pregunta tanto, por qué bebía, sino cuestiona cosas más densas como por qué, si "sabía" que eso acabaría con su vida, continuó hasta lo irremediable; por qué procurar la agonía tortuosa del desanimo para apurar el trago amargo de la angustia que sigue a la muerte; por qué tanto egoísmo. Y estas son sólo algunas de miles de dudas que pueden ocurrir en la mente del deudo de un adicto.
Pero aún más, lo importante entonces no es ya si el ser querido y ahora ausente fue o no alcohólico. Con el transcurso del tiempo todo se resume en inquirir ¿por qué él o ella?; ¿por qué así? Preguntas que todos, yo mismo desde hace cinco meses cuando murió mi madre (que para mí fue mi todo), nos hacemos cuando un ser amado fallece y a veces aún antes.

Así, sin restarle importancia, el alcoholismo per se no es lo que inquieta, sino sus causas y efectos en la constitución de eso que denominamos Hombre. Pensar alrededor del alcoholismo es sólo una de muchas meditaciones acerca de lo que significa ser Humano.

MUJER Y MITO

miércoles 24 de junio de 2009

Esta entrega se me antoja para desarrollar una secuencia. No la numero porque aún no la planifico suficientemente. Valga a modo de idea suelta para un estudio más pensado que tiene como fundamento lo expuesto por Joseph Campbell en su libro El Héroe de las Mil Máscaras.
No entiendo por qué algunas mujeres se ofenden si se las califica cuales brujas, si todas lo son, no sólo unas cuantas. Todas. O qué, no parece suficiente magia el don de alumbrar. La sola palabra "alumbramiento" encierra toda la esencia encantadora, sobrenatural de la mujer sin importar si lleva peludos verrugones en el rostro o es una ninfa capaz de competir con Afrodita. En el centro de todo mito están las dos caras de la mujer. Generalmente la bruja provee de las pócimas curativas del cuerpo y el alma, enseña y proyecta la relación con la divinidad, cualquiera que sea su signo, mediante la oración, el sortilegio, el fetiche. Y, curiosamente, es la mujer sencilla, la común, la de belleza natural, la que se antoja inalcanzable, es esa la que da pie al mito al introducir al varón héroe en el laberinto de la aventura con toda su perdición y su salvación.
Así que, no se ofendan, damicelas y ogras, todas valen por lo que son, BRUJAS. A qué sean devotas, eso ya queda en su conciencia, en su oficio y en su profesión. Por lo pronto a nosotros no nos queda más que, como el héroe de los cuentos y los mitos, o amarlas o aniquilarlas; pero, como sea, quemarlas, pues a su ardor siguen las cenizas de las que surge y resurge el ave Fénix de cada nueva generación.

MENSAJE DEL PROTECTOR SOLAR

viernes 20 de marzo de 2009

Podría construir un discurso alrededor de estas imágenes, pero entonces ya no serían pretexto para la meditación. El video en sí mismo cumple con las pretensiones de este espacio y estoy seguro que los comentarios de más de uno abonarán a enriquecer el mensaje.

UNA ¿SIMPLE? PREGUNTA

miércoles 18 de marzo de 2009

¿Qué tienen ellos que no tengamos nosotros y, viceversa, qué tenemos nosotros que no tengan ellos?


RITO CHEROKEE DE PASAJE

miércoles 4 de febrero de 2009


El siguiente texto me fue enviado al correo en forma de cadena, dos días antes del fallecimiento de mi madre ocurrido el 30 de este mes. Al final invita a compartir el texto como una muestra de no haber cedido al temor y de que uno conservó la venda hasta el amanecer. De no compartirlo, dice, se ententerá que no ocurrió tal y la venda la retiró uno de los propios ojos prematuramente.
Personalmente, la venda la tengo puesta, la noche no ha terminado y no sé si resistiré.

Dios nunca le pondrá un examen de sexto grado a un niño de primero, igual con nosotros las pruebas más dificiles son puestas solo a los que sabe que son de temple. 'INDIOS CHEROKEE'

¿Conoces la leyenda del rito de pasaje, de la juventud de los indios cherokee?Justificar a ambos ladosSu padre le lleva al bosque, con los ojos vendados y le deja solo.
Él tiene la obligación de sentarse en un tronco toda la noche y no quitar la venda hasta que los rayos del sol brillan a través de la mañana.
Él no puede pedir auxilio a nadie. Una vez que sobrevive la noche, él ya es un hombre.
Él no puede platicar a los otros muchachos acerca de esta experiencia, debido a que cada chico debe entrar en la masculinidad por su cuenta.
El niño esta naturalmente aterrorizado. Él puede oír toda clase de ruidos.
Bestias salvajes que rondan a su alrededor. Quizás algún humano le puede hacer daño.
Escucha el viento soplar y la hierba crujir, él sentado estoicamente en el tronco, sin quitarse la venda. Ya que es la única manera en que podría llegar a ser un hombre.
Por último, después de una horrible noche, el sol apareció y al quitarse la venda, fue entonces cuando descubrió a su padre sentado junto a él. Su padre veló toda la noche, para proteger a su hijo del peligro.
Así, nosotros tampoco estamos nunca solos. Aun cuando no lo sabemos, nuestro Padre Celestial esta velando por nosotros, sentado en un tronco a nuestro lado.
Cuando vienen los problemas, lo que tenemos que hacer es sólo confiar en Él.

DESDE MÍ Y HASTA EL INFINITO

viernes 12 de diciembre de 2008

Es fascinante ver cómo un tema se desarrolla paso a paso. Cómo una palabra o una idea es capaz de detonar ya molestia, ya inquietud, ya coincidencia y acuerdo, o rechazo y polémica.
Es curioso ver cómo, un fenómeno cotidiano, multiforme y multidimensional como la comunicación, a pesar de experimentarse a cada instante (o quizá por eso precisamente) se antoja tan complejo en su sencillez; siempre inacabado.
Son admirables las ramificaciones que un planteamiento suscita, y la manera como las mismas se concatenan y entrecruzan.
No es necesario ser profesional de la comunicación (locutor, periodista, publicista, publirrelacionista, diseñador, sacerdote, abogado, conductor de medio electrónico, conferencista, profesor, investigador, escritor, artista plástico, chef, madre o padre, consejero...) para constatar su omnipresencia y discutirla del modo como aquí queremos hacer.
El lego no tiene por qué excusarse. Tanto derecho tiene a entrar en el examen del tema como cualquiera. Porque si hay un tema profundamente humano que permea todos los ámbitos y quehaceres, ese es precisamente la comunicación.
Si nos ponemos muy académicos, tendremos que resumir en afán de un mejor entendimiento y para comenzar, que la comunicación presenta varios niveles, los cuales poco a poco habremos de ir examinando en nuestras conversaciones dentro de esta u otras discusiones y espacios.
El primero y más íntimo es la comunicación intrapersonal. Esta es la que experimentamos todos en la intimidad de nuestra persona. Está enraizada en nuestra identidad y determina en gran medida nuestra personalidad y las formas como esta se muestra. Sócrates nos enseñó que debemos conocernos a nosotros mismos y siglos después Jesús expuso como nuevo "mandamiento" amar al prójimo como a uno mismo. Este es el principio de la concordia y la armonía. Prem Rawat trata mucho este punto en sus conferencias acerca de la paz. Menciono sólo tres de entre muchos pensadores al respecto. No tener resuelta la comunicación con uno mismo deriva en fallas, deficiencias o carencias que se reflejan en uno o más de los siguiente niveles.
Ascendiendo en la escala se encuentra la comunicación interpersonal. Si sé estar conmigo mismo, me conozco y no me temo sino me amo, estoy en condiciones aparentes de entrar en contacto con los otros, empleando medios diversos desde el tacto hasta la carta o recursos tecnológicos como el presente. Aquí la dificultad principal es la de darme a entender y comprender a los demás. Estar dispuesto a compartir, a entregar parte de lo que soy y me conforma aún so pena del riesgo de ser mal interpretado, reconvenido, amado u odiado, plagiado o recompensado. Pero si no sé estar conmigo, si no me sé reconocer en mi soledad fundamental, difícilmente podré intercambiar algo con alguien, o quizá sólo esté capacitado para hacerlo de manera parcial o distorsionada. ¿Por qué tanta intolerancia en una pareja, entre hermanos? La violencia no tiene otro foco de gestación que el de nuestra propia alma. Si nos parece que otros son los violentos, es porque no hemos sabido hurgar en el espejo que ellos nos significan como iguales, pues tan seres humanos son los demás como nosotros. ¿Qué tan torcida está nuestra autoestima? Esa será la medida de nuestras relaciones.
Enseguida viene la comunicación intragrupal. La que sucede en la familia y con nuestros colegas y amigos y vecinos. ¿Cómo te llevas con tu vecino de al lado o el de enfrente? ¿Su violencia te afecta, cómo? ¿Y la tuya a él, cómo? En el primer nivel la confidencia está resguardada por la fidelidad de uno consigo mismo, en el siguiente la confianza extiende su mirada al horizonte cercano, buscando una forma de posesión del entorno y por ende de uno mismo, y aquí se amplía en el afán de establecer una nueva forma de identidad: la pertenencia, la integración.
En un cuarto nivel está la comunicación intergrupal. Aquí cabe la corporativa en una perspectiva sistémica. La comunicación cara a cara comienza a desdibujarse y cobra la dimensión de la ambigüedad despersonalizada. La noticia, el chisme, el rumor florecen como maneras de diferenciación. Sí, soy un individuo con un carácter determinado, con cierta habilidad para entrar en contacto con el prójimo y, unido a él, formar parte de, pertenecer a un grupo de semejantes, pero comienzo a comprender que la igualdad, la semejanza no es una falacia; hay otros grupos como el mío, pero no me resigno a ser uno más en la cuenta de los seres humanos y por ello, junto con mis pares, marco los límites doctrinarios, ideológicos, económicos, ecológicos suficientes para definir la diferencia entre nuestro mundo y el suyo. En esta red social y sus miembros y sus colaboraciones queda clara la distancia de intereses respecto de redes similares.
Más arriba está la comunicación propiamente social, ésta totalmente inasible a no ser por una forma distinta de medios y canales por los cuales transitan los mensajes que unos a otros nos enviamos de manera encadenada, difusa. Para que la sociedad de un pueblo entre en contacto consigo misma o con la de otro recurre en principio al intercambio simbólico que halla su carta de cabalidad en el mercado y el comercio. Conocemos de la existencia de otro ente social por lo que nos llega a las manos, ojos u oídos. Comp(a)ramos sus obras con las nuestras y tasamos la medida de su aprecio. Ya se trate de una palabra, de una caricia o de un vehículo, la visión del mundo se tecnifica, se reparte, se vota porque es compartida o con un conglomerado o con un dictador, voluntariamente o de modo impuesto. Las normas y el contrato fijan y explican este nivel de comunicación, la ley aquí es lo que la oración en el primer nivel; el convenio entre dos o más potencia las alianzas. El credo es uniforme y uniformador y la diferencia se vuelve amenaza a la soberanía. Los medios y los mensajes que en ellos circulan ya no pueden, por lógica, estar sujetos a las expectativas individuales; es necesario que apelen y se basen en los intereses vagos de la colectividad, muchas veces representada por minorías que reflejan sólo una mínima parte y se caracterizan por su comportamiento provisional. La espontaneidad de uno se ve ajustada por la norma, pero en circunstancias donde puede experimentar el anonimato, se desata... masivamente. Aquí radica la comunicación de masas: en la ola de emociones que sólo la información puede de modo relativo controlar, encausar y encauzar. La comunicación social no se aprende ni se estudia en el aula, sino en la calle. En el claustro y en el libro apenas se barruntan indicios para la comprensión de su funcionamiento.
Finalmente, por ahora, cabe recordar que dos son los componentes fundamentales de la comunicación: la expresión y la información. La segunda puede existir sola en la forma de simples datos, pero no comunica. La primera, la expresión en cambio, vehículo esencial por el cual se hacen comunes el pensamiento y el sentimiento, no puede existir sin al menos un rasgo de información.
Así, el silencio (para tocar una de las preocupaciones de Albi), en cualquiera de los niveles expresa e informa. Expresa o la confusión de sentimientos y pensamientos, o la ausencia de datos capaces de suscitar una emoción o un concepto. El silencio en sí no es ni puede ser jamás violento. No obstante esta afirmación, el modo como se lo interpreta es lo que puede provocar sentimientos o pensamientos violentos. En el valor que damos a la nulidad, a la nada, está la razón de la paz. De cada quien depende que esta razón sea positiva o negativa, es decir constructiva o destructiva. Callar a otro no tiene que ser necesariamente tomado como un acto violentador. Callar uno mismo tampoco. Si se calla ante la injusticia, el silencio resultante puede ser interpretado como cobardía o valentía (ahí está Santo Tomás Moro); pero no es inacción, no por enmudecer se omite el significado que los hechos y las cosas tienen en sí mismas.
En las guerras recientes como en las más antiguas la comunicación forzosamente ha estado presente de muchas formas. Masiva, por ejemplo, en la dispersión de miles de volantes propagandísticos desde aviones. De masas, por ejemplo, mediante las arengas en las plazas movilizando a la resistencia.
La comunicación nunca está ausente, ¡vaya ni después de la muerte!

OFRENDA INGENUA

jueves 4 de diciembre de 2008

A veces quiero creer que hay alguien que vela por mis sueños y mis anhelos, que se adelanta a mis pensamientos y me protege y me cuida. No se trata de una divinidad ni de un ser mágico. Lo imagino un ser humano como yo, pero omnipotente, omnisciente, capaz de propiciar que las cosas ocurran, que las ideas se materialicen; sobre todo las mías. Es quien impide que caiga más hondo o me eleve demasiado. Aunque también, como no se deja ver, me hace sentir frustrado en mis esfuerzos y en mis intentos por agradecerle los frutos en potencia de mis talentos.
Cuando menos lo espero, encuentro que algún plan o concepto cobra vida pero en otras personas, otras conciencias, otros ámbitos. Si se me ocurre una situación, esta le sucede a algún conocido o quizás a otra persona pero, de todos modos y tarde o temprano, me entero del hecho y siento agrado y envidia. Gusto, porque hube de tener la visión; envidia, porque por alguna razón no se concretó por mí o desde mí.
En casos así me digo que no me ocurre precisamente pues lo que me guarda evita riesgos o traumas innecesarios, por eso destina o desvía el triunfo y la fama anhelados a los otros, trasladando a mí no los sinsabores sino sólo la zafia satisfacción de haber contribuido con mi sueño a la consolidación ajena y al logro del equilibrio universal. Cada quien tiene lo que debe, y no siempre lo que puede o quiere.
A veces me encuentro con amigos, colegas, familiares y, tras confesarles mis sueños, veo luego que estos se desarrollan de alguna manera en ellos o por ellos, como en una suerte de ofrenda a nuestra relación. Pero entonces me siento defraudado. ¿Por qué no se me permite experimentar el anhelo y sólo se me muestran los alcances del afán?
No cabe duda que hay fuerzas misteriosas que jamás comprenderé. Una de ellas es la fuerza de la ingenuidad.

Quienes somos

sábado 22 de septiembre de 2007

Por Antonio de Vega y Torres

¿Somos quienes somos? Y, los que somos, ¿quiénes somos? ¿Somos?

Preguntas sesudas o al menos divertidas, las anteriores. Que todos alguna vez nos hemos hecho y especialmente cuando confrontamos al otros, a ese desconocido que nos sale al paso, quizá extendiendo su mano franca o tal vez mirando de soslayo, suspicaz, cuestionando si nuestras intenciones serán aviesas o desinteresadas.

Cierta red social de reciente factura llamó mi atención por su propuesta, por su solo título. Es a la vez una afirmación y una duda. ¿Cuántos de los que ahí escribiremos seremos y qué seremos? ¿Nos definirán los mismos intereses o la contradicción?

Hay ocasiones cuando los que están no siempre son y, viceversa, los que son no siempre están. Nos decimos, al menos por lo que a mí respecta, interesados en romper las cotas que establece la profesión y así aproximarnos a los efluvios y devaneos de la opinión siempre voluble de la sociedad. Sí, de esa sociedad siempre algo desdibujada, impersonal, en medio de la cual no faltan los individuos enmascarados de villanos o de héroes. Pero, qué, ¿acaso se requiere ser algo especial o dejar de serlo para conseguir la cercanía?

"Sé tú mismo", nos enseñan nuestros padres cuando no nos inculcan el deseo de "ser el mejor". Un día, de pronto, ante el espejo y abandonados a la memoria, nos percatamos de quienes somos y, no obstante, nos preguntamos quiénes somos.

Grave pronombre relativo el "quien", revelador y enigmático. Y para que hurgues más en éste, quien escribe, te invito a recorrer mis vetas, comenzando por mi blog central, repasando mis indicios y, especialmente -mucho lo agradeceremos-, uniéndote a los esfuerzos de estas redes por las que somos... quienes somos.